Un día para reflexionar

Recientemente culmino la  cumbre de la ONU sobre cambio climático realizada en Durban, Sudáfrica; entre posiciones fuertemente encontradas.

La nueva hoja de ruta global propone elaborar hasta el 2015 un acuerdo vinculante para limitar el calentamiento del planeta en más de dos grados, tanto entre países desarrollados como emergentes. Lo cual implicaría, entre otras cosas, que Estados Unidos, China e India, adopten un mayor compromiso y ajusten sus modelos de desarrollo a los objetivos globales, pues aun cuando no se equiparan económica, social ni culturalmente, todos comparten en la actualidad la responsabilidad por la descargas de emisiones de CO2.

Probablemente, el mayor logro de esta Cumbre fue el acuerdo de extender el periodo de vigencia del Protocolo de Kyoto, esto con la intención de no permití el vacío legal entre tanto la Asamblea y los Grupos de Trabajo ajustan los acuerdos del nuevo periodo de negociaciones. 
 
 
Hoy 22 de diciembre, a veintitrés años del asesinato de Chico Mendes, bien vale la pena reflexionar, sobre lo que cuesta la Justicia Ambiental
En la actualidad, los impactos por el cambio climático son evidentes y los conflictos generados por el estrés ambiental están en aumento. Lamentablemente, en la mayoría de los casos los perjudicados son los más pobres.
La salvaguarda de los bosques primarios del planeta es una necesidad. Con su destrucción se pierde la biodiversidad del mundo, pues se trata de los hábitats más ricos y a pesar de ello, defenderlos sigue costando la vida de muchos.
En los conflictos ambientales, podemos ver que los pobres se expresan a favor de la preservación de los recursos naturales, necesariamente no vinculada directamente a una ideología ecologista, sino a la preocupación por su propia subsistencia, y en otras es una lucha expresada en lenguajes de valoración culturalmente específicos que responden a la cosmovisión de grupos étnicos.
Francisco “Chico” Mendes, representó ese ecologismo de los pobres de los excluidos, si bien es cierto que existen múltiples ejemplos, hoy lo recordamos por ser el aniversario del flagrante hecho que pretendió sacarlo de la lucha. Y digo pretendió porque las ideas no mueren con balas y el germen de lucha que Chico sembró se ha mantenido a pesar de su muerte.

 
Sobre Chico Mendes
Hijo del matrimonio de Francisco Méndes e Iraci López Filho, quienes erar recolectores en las plantaciones de heveas, árbol del que se extrae la materia prima con la que se elabora el caucho nativo.
Debido a la caída de la demanda de caucho por la Segunda Guerra Mundial, la situación en Amazonia empeoró. Los norteamericanos abandonaron muelles y aeropuertos, obligando a los seringueiros (caucheros), a malvender el caucho a mercaderes ambulantes.
A los 14 años, Chico aprendió a leer y a escribir, valiéndose de revistas y diarios viejos. En 1970, el presidente brasileño Medici decide construir una carretera Transamazónica de 5000 km. Esta carretera impactó sobre 96 tribus (los Nambiqwara se redujeron de 20000 a 650 después del trazado de la BR-364). Según un misionero de Río Branco, el Padre Turrini, de cada 1000 niños nacidos en el estado de Acre, 838 morían antes del año de vida.
En 1975 se formó el primer Sindicato de Seringueiros. Entre sus líderes estaban Maia, Wilson Pinheiro y Chico Méndes. Pinheiro fue muerto por asesinos a sueldo en julio de 1980.
Ya a principios de1980 el gobierno de facto impulsó en Brasil el proyecto del Polonoroeste destinado a “poner en producción” 25 millones de hectáreas sobre la frontera con Bolivia. Alargaron 1200 Km la BR-364. Desoyendo a sus propios expertos ambientales, el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) fueron los financiadores del desastre una vez más.
 
En 1987, alentado por ecologistas y la reconocida Antropóloga Mary Allegretti, viajó a Estados Unidos. Habló con directivos del BM y del BID, y explicó la idea de “reservas extractivas” presentando también las críticas a las carreteras transamazónicas. El éxito se notó en las reacciones adversas de los terratenientes del Brasil. En junio de ese mismo año, recibe el Premio Global 500 de las Naciones Unidas, lo que lo catapultó al interés internacional, aunque el Gobierno del Brasil y la prensa local lo ignoraron. Poco después recibió el premio Better World Society. finalmente en noviembre, Chico habla en la Asamblea Legislativa de Acre, iniciándose la resistencia frente a los intentos de tala y colonización agrícola en el seringal Cachoeira.
En junio del 88, recibió el primer reconocimiento público en su propio país, cuando el Ayuntamiento de Río le entrega las llaves de la ciudad. Mientras, la violencia de los terratenientes de Acre crecía. Otro líder seringueiro es asesinado, lo que obligó a que el gobierno federal decretara los seringales de Cachoeira, Sâo Luis do Remanso y dos más se convirtieran en las primeras reservas extractivas del Brasil.
El 6 de diciembre de 1988, en San Pablo, Chico participó en un seminario sobre Amazonia. Allí pronunció el célebre discurso que termina diciendo. 
No quiero flores en mi tumba porque sé que irán a arrancarlas a la selva. Sólo quiero que mi muerte sirva para acabar con la impunidad de los matones que cuentan con la protección de la policía de Acre y que desde 1975 han matado en la zona rural a más de 50 personas como yo, líderes seringueiros empeñados en salvar la selva amazónica y en demostrar que el progreso sin destrucción es posible.
 
A los 16 días de aquel histórico discurso, el 22 de diciembre de 1988, en su casa de Xapurí, Chico Mendes recibe en el pecho el impacto de un disparo hecho a corta distancia.
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